En primer lugar, los dirigentes palestinos no aceptaron la partición de Palestina aprobada por las Naciones Unidas en 1947, lo que suponía el 46% de la Palestina historica y su no incorporación a aquel organismo. Por su parte, el Tíbet no aprovechó su independencia de facto entre la Primera Guerra Mundial y 1950 para su incorporación a las Naciones Unidas. La historia ha demostrado que fueron dos graves errores.
Palestina aprobada por las Naciones Unidas en 1947, lo que suponía el 46% de la Palestina historica y su no incorporación a aquel organismo. Por su parte, el Tíbet no aprovechó su independencia de facto entre la Primera Guerra Mundial y 1950 para su incorporación a las Naciones Unidas. La historia ha demostrado que fueron dos graves errores.
En segundo lugar, la primera guerra árabe- israelí, una vez decretada la independencia del Estado de Israel unilateralmente, supuso la desaparición de quinientas aldeas palestinas y la expulsion y desplazamiento de setecientos mil refugiados cuyos descendientes habitan hoy en Líbano, Jordania y Siria, principalmente. El territorio se redujo a menos de la mitad de la “palestina histórica”.
Pekín, con su invasión al Tíbet hace 59 años, recortó la mitad del territorio original, militarizó la región y sometió a su población a una intensa represión política y religiosa, . Convirtiendo a la población autóctona en ciudadanos de segunda categoría, privados de los mínimos derechos. A consecuencia del levantamiento de 1959 contra l a ocupación China del Tibet más de 100.000 tibetanos se exiliaron en India y Nepal principalmente. la represión alcanzo la cifra de más de 10.0000 muertos.
En tercer lugar, dos líderes en ambos conflictos, desde el exilio, preconizaron la resistencia. Arafat, con una orientación laica, dirigió el gobierno palestino en el exilio planteando, hasta las primeras negociaciones con Israel, con la lucha armada y el terrorismo como única vía para finalizar la ocupación y la instauración en toda Palestina de un gobierno laico y secular que el estado hebreo no aceptó.
El Dalai Lama, reconocido como la reencarnación de Buda, ha sido y es el líder espiritual y político para el pueblo tibetano. Su liderazgo deriva del consenso y no precisamente de su reencarnación. A diferencia del líder palestino, su forma de lucha ha sido y es la vía pacífica, el diálogo y la negociación, rememorando la figura de Ghandi en el India, lo que le ha supuesto un mayor reconocimiento internacional y, al mismo tiempo, un signo de debilidad para las autoridades chinas . Actualmente la vía pacífica es cuestionada por parte de su propio pueblo, dado que no ha traído ninguna mejora a la lucha por la autodeterminación o la independencia del Tíbet.
La aceptación de Arafat a nivel internacional se produjo a raíz del cambio de posición política frente al conflicto, reflejada en su discurso histórico en las Naciones Unidas y la posterior concesión del Premio Nobel de la Paz, junto con Rabin y Peres. Esta aceptación fue puesta en duda debido a : el fracaso en las negociaciones de paz con los israelíes en Taba, las provocaciones de Sharon en la Explanda de las Mezquitas que van a desencadenar la Segunda Intifada, cuya expresión de violencia y rebelión no sólo ha intentado levantarse contra la ocupación militar en los territorios palestinos sino contra la población civil israelí de forma indiscriminada, dando lugar a las represalias más brutales por parte de los israelíes contra los palestinos en los últimos siete años, con una violación sistematica de los Derechos Humanos.
Una variable que diferencia la situación de Palestina y Tíbet es que el liderazgo palestino, con la desaparición de Arafat, pierde su unidad y se profundiza la fragmentación entre dos grupos muy nítidamente contrapuestos: uno, el liderado por Mahmoud Abbas, quien está de a favor en negociar con Israel: otro, liderado por Haniyeh, del movimiento islamista Hamas, que plantea abiertamente la lucha armada contra la ocupación y el desarrollo de un estado islámico en toda la región de Palestina, reforzado por el triunfo en las elecciones democráticas de 2006.
En cambio, el liderazgo actual del gobierno tibetano en el exilio sigue siendo hegemonizado por el Dalai Lama quien preconiza una mayor autodeterminación en el Tíbet, no necesariamente una independencia, una vuelta de los exiliados y una interrupción del genocidio cultural, y un respeto a los Derechos Humanos en la región.
En cuarto lugar, desde el año 2000, cuando se rompen las negociaciones entre palestinos e israelíes y hasta 2007, no sólo no ha existido ningún atisbo de negociación sino todo lo contrario: se incrementa la cantidad de asentamientos o colonias judías en territorios palestinos sumando dicha población más de 400.000 personas, se saquean nuevas tierras palestinas, con el apoyo “legal” del gobierno y del ejército israelí, judaizando la región y generando una radicalización en la respuesta palestina a dicho ultraje.
Por su parte, el gobierno tibetano en el exilio negocia con China en cinco oportunidades desde 2002, la última en 2005, con mediación internacional, siendo China el país que rompe dichas negociaciones y da lugar a una mayor radicalización del exilio tibetano tanto en Nepal, India, Japón y la China colindante con el Tíbet, como en el propio Tíbet.
Estas posturas empiezan a cuestionar la vía pacífica del Dalai Lama que, desde 2005, se ha traducido en no diálogo y no negociaciones por parte de China y en un avance de la mayoría Han, es decir, una mayoría china en territorio tibetano, en detrimento de las libertades, la hegemonía y la economía de aquella población. En síntesis, una mayor sinización del Tíbet.
Actualmente 2008 es el año clave para ambos conflictos. En el conflicto de Medio Oriente el intento de las negociaciones de Annápolis entre israelíes y palestinos, fiscalizado sólo por Estados Unidos, pese a los aparentes intentos de intervención de la comunidad internacional, está agonizando. En los cuatro meses desde Annápolis, no solamente no ha habido ningún avance concreto en el terreno en el mal llamado proceso de paz que, en definitiva, es la continuación de la guerra más larga del siglo XX, sino que 358 palestinos han sido asesinados, 1200 han resultado heridos, más de 2000 arrestados y 35 casas palestinas demolidas, 5.378 viviendas pertenecientes a los asentamientos judíos están en construcción en Jerusalén Este y Cisjordania, a pesar de que en la Hoja de Ruta se estipula que Israel debía haber congelado toda actividad colonizadora y con una negativa total de parte de l ejecutivo israelí a congelar la constucción de estos cientos de nuevas vivendas que rodean Jerusalén.
El gobierno palestino de Abbás ha fracasado desde Annapolis tanto en evitar la muerte de doce israelíes como los bombardeos desde Gaza a Israel. Annápolis ha fracasado hasta el presente, ya que no ha logrado acercar a Hamás a la mesa de negociaciones y no se han plasmado mejoras concretas en la vida cotidiana de los palestinos. Era imposible pensar llegar a un acuerdo con una parte Palestina, aislando y bloqueando a la otra y provocando la destrucción y muerte lenta de la mayoría de la población palestina de Gaza. Gaza y Cisjordania se han vuelto contra Abbas.
El gobierno israelí y Abbas no han pensado en Gaza.
Es poco probable que en lo que resta del año haya avances significatuivos en dichas negociacioines, dado que el descredito de Abbas en la poblacion palestina es creciente y las prometridas inversiones extranjeras en Plaestina no serán suficientes para paliar el hambre, la injusticia y la represion de la ocupacion israelí .
Para China, los Juegos Olímpicos de 2008 son la oportunidad de mostrar al mundo una cara decente de sí mismos y su régimen. Occidente pensaba que esta dictadura capitalista de Estado con hegemonía del partido comunista iba a abrirse al mundo y, por lo tanto, a la democracia. Sin embargo, el ritmo de la dictadura sigue implacable: las ejecuciones ya no llaman la atención a la prensa internacional, los campos de trabajo no han disminuido en absoluto, las violaciones de derechos humanos en China se han intensificado, los acontecimientos de Tiananmen parecen haber quedado atrás, pero se han revitalizado en la represión más brutal efectuada estos días en el Tíbet y en los paises del exilio Tibeteano: India y Nepal.
Para los tibetanos, los Juegos Olímpicos y su posible boicot pueden ser un arma legítima para exigir que China deje de matar y aplique lo que dice su Constitución sobre su autonomía regional en el Tíbet. No importa que los Juegos Olímpicos no se lleven a cabo, o que la ceremoni inagural se boicotee. No son los deportistas ni los monjes tibetanos ni el pueblo del Tíbet quienes pisotean esta fiesta del deporte. Es el gobierno chino el responsable y el que tiene las manos manchadas de sangre quien tiene la oportunidad de decir sí al ideal de todos los Juegos y no a la vergüenza de la masacre.
La Comunidad Internacional que defiende la Democracia y los Derechos Humanos deberá levantarse ,protestar denunciar e interveniractivamente contra la ocupación del Tibet, y Palestina, y de la misma forma contra las ocupaciones de Irak y Afganistán.